Autoestima

LA AUTOESTIMA

Existen infinidad de definiciones sobre el concepto de autoestima; autoconcepto, autoimagen, amor propio, orgullo… hay incluso quien la define como un tipo de energía, de “poder”. Todas con ciertas variaciones más o menos amplias o con percepciones ligeramente distintas de un mismo concepto, que en resumen, se refieren a  la percepción que tenemos de nosotros mismos, de nuestra valía y capacidad de hacer cosas, enfrentarnos a situaciones y superarlas.

Autoestima1

 

Cuando todo este constructo de conceptos subjetivos tiene un buen nivel de desarrollo y sincronía con la realidad, suele redundar en  personas equilibradas, felices y relativamente competentes y constructivas. La autoestima se va desarrollando a lo largo de toda nuestra vida a través de las experiencias que pasamos, los retos o dificultades a las que nos sobreponemos, los triunfos y también de los fracasos.

Sí, también de los fracasos, de los grandes y de los cotidianos y habituales (errorcillos del día a día). No con poco asombro, alguna vez me he topado con padres que evitan realizar correcciones sobre cosas tan básicas como, por ejemplo el habla de sus hijos, “por no frustrarlo y generar rechazo al aprendizaje” (Toma ya).

¿Qué cosa más natural puede haber que un pequeño infante equivoque la dicción de alguna palabra, que por su normal inmadurez, la exprese erróneamente o la utilice equivocando su sentido o utilidad? ¿Y qué cosa puede haber más natural que un padre/madre que con cariño, tacto y comprensión, corrija el error, le de de soporte y le ayude a crecer y mejorar? Quizás, este es un ejemplo simplón (pero real) de sobreprotección y desinformación al educando.

Si nadie le muestra al niño o joven en desarrollo que el camino que ha elegido es el equivocado y porqué, ¿cómo va a aprender?, cuando el resultado acabe en error, ¿quién será el culpable?, ¿La suerte?, ¿Soy idiota?, ¿Quién me acompañó en este fracaso? Todo esto vale para muchas cuestiones distintas; desde la asunción de límites, el ejercicio de valores sociales, cívicos y humanos, hasta lo más básico que se nos pueda ocurrir. tan necesario es decirles que algo está bien hecho, que una actitud es adecuada, para ir mostrándoles el camino y lo que se espera de ellos, como el indicarles la necesidad de corrección inmediata, e incluso la asunción de las desagradables consecuencias de persistir en el error. Si no les orientamos en ambas direcciones, ¿Entonces quien?

Para que una autoestima positiva y eficaz les lleve por el sendero de la felicidad y de una existencia productiva, tiene que ser realista, razonada y acumulativa, para, por ejemplo,  no caer en complejos de superioridad o inferioridad (que son distorsiones conflictivas de la realidad personal) con todos sus problemas asociados…

Realista y razonada: hay que fomentar (acompañando y proponiendo) el diálogo interno antes y después; ¿Es realista este objetivo que te propones?, ¿qué tienes que hacer antes de empezar?, ¿Cómo te organizas para conseguirlo? Todo esto parece una perogrullada, pero una mala reflexión previa ante una situación que afrontar, normalmente conduce al fracaso, al coscorrón. Con lo que si no establecemos el hábito de diseñar un “plan de ataque”, lo habitual será encadenar fracasos, con la consiguiente deformación del autoconcepto e imagen personal y la percepción de una competencia propia irreal…

Normalmente un fracaso bien analizado, razonado a posteriori (si puede ser con alguien cabal al lado, muchísimo mejor), suele ser el mejor maestro, pues nos está enseñando lo que no debemos volver a repetir… habitualmente, tras un éxito, también solemos perder muchas oportunidades de aprendizaje, todo ha salido bien, soy un campeón y a otra cosa, mariposa. Pues bien, nos estamos dejando la mitad del pastel sin saborear, el preguntarse después del éxito lo que nos llevó a el, es la mitad de la experiencia: ¿Lo conseguiste porque era muy fácil o porque el plan de acción fue bien elaborado? ¿Cuántas cosas has necesitado aprender o superar para conseguirlo? ¿Realmente, cuánto esfuerzo costó?…

Sumativo: Todas las experiencias vividas se van acumulando en nuestra “mochila”; todo el mundo acumula errores y aciertos, victorias y derrotas, éxitos y fracasos, lo importante es cargar la “mochila” con análisis realistas y razonados de lo que hemos ido haciendo, para no repetir errores y hallar mecánicas, actitudes, estrategias que funcionan, para sabernos capaces de grandes esfuerzos que conducen a logros, teniendo mecanismos de acción que se adapten a la realidad del momento.

Solo de esta manera, tendremos una imagen real de nuestras fortalezas, debilidades y aspectos que podemos mejorar si no estamos a gusto con ellos, con lo cual reduciremos al mínimo la relevancia que el azar o la suerte tiene en nuestro destino.

Está claro, que el mejor plan no sobrevive al primer minuto de ejecución sin necesitar retoques y adaptaciones, pero no son pocas las veces que echamos la culpa a la suerte, cuando lo que nos lleva al fracaso, son los cabos sueltos de nuestro proceso.

Autoestima2

Para formar a niños/jóvenes con una autoestima sana y equilibrio personal, debemos fomentar::

  • Pensamientos positivos y optimistas.
  • Tolerancia positiva ante la frustración, el error es parte consustancial de la vida.
  • Realizar actividades por iniciativa propia y con un nivel de independencia acorde a su edad y la naturaleza de las actividades.
  • Socialización positiva, de manera que sea capaz de hacer amigos con facilidad.
  • Asunción de sus éxitos son fruto de su esfuerzo (aunque haya tenido que pedir ayuda, reconocer la necesidad de ayuda es otro ejemplo de fortaleza).
  • Entender que cuando se equivoca, hay que localizar el error y buscar soluciones.

¿Cómo podemos hacerlo?

  • Permitirles ser autónomos, siempre dentro de sus posibilidades.
  • Darles responsabilidades acordes a su edad.
  • Premiarles verbalmente.
  • Cometer errores es normal.
  • Enseñarles que no siempre se gana, a veces el problema no tiene solución y hay que aprender a aceptarlo y superarlo.
  • Jugar con el niño.
  • Aprender a escucharle.
  • Fomentar la diversidad de amigos.

El proceso de formación de la autoestima se inicia en nuestras edades más tempranas, desde que de pequeños se nos ofrecen sonajeros, tarjetas de colores, juguetes, construcciones… vamos interiorizando una serie de creencias acerca de lo que se espera de nosotros, que vamos asumiendo, y al llegar a la edad adulta, con distintos retos al frente,  tendemos a reafirmar y consolidar.

De ahí la importancia de asumir el acierto y el error como elementos normales y positivos en la realidad, de presentarles retos a su alcance, valorar su esfuerzo, establecer tiempos de reflexión antes, durante y después de los conflictos que puedan surgir en las dificultades cotidianas… de ésta manera, promovemos un conocimiento paulatino de las causas y consecuencias de sus acciones, que al dotarles de mayor autoconocimiento, ganarán en autocontrol y se sentirán más competentes y capaces , porque en el fondo, lo serán.

 

Autoestima3

Anuncios

Acerca de Miguel Ángel García Guerrero

Pedagogo, Maestro EF, Entrenador Nacional de Atletismo, desarrollando programas educativos basados en la Neurociencia.
Esta entrada fue publicada en Autoestima, Educación, Neurociencia, Neuroeducación. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s