El dinero no da la felicidad.

Aunque ayuda a conseguirla, como habría dicho Woody Allen… Ayer me tropecé con el artículo de Elsa Punset:

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-03-19/pensabamos-que-tener-cada-vez-mas-dinero-nos-haria-felices-pero-no-es-asi_103859/

Cuya lectura me llevó a pensar, que sí, en efecto en estos últimos 120/150 años de educación institucionalizada y organizada a nivel universal, además de los avances sociales y laborales (al menos en el primer mundo), han conseguido erradicar del panorama el hambre, la desprotección social (pasando por alto los últimos retrocesos) y una normalización del tan manido últimamente Estado del Bienestar.

Y esto es así, aún en esta desdichada situación económica, política y social que nos ha tocado vivir, por mucho que nos duela reconocerlo, la verdad es que en líneas generales, nosotros; el populacho, vivimos mejor que en el 1800.

El quid de la cuestión, el problema que centra el interesante reportaje de Elsa Punset es que esta evolución social, apoyada por una  (o dos) revoluciones industriales y ahora tecnológica, es que el sistema educativo que garantizaba el éxito social estaba centrado en el factor productivo, el de la instrucción y el que acostumbraba al individuo al rol laboral: autoridad lineal y en sentido descendente, asignación de un horario y riguroso cumplimiento, educación instrumental que posibilitaba realizar tareas industriales más complejas… y si, producía la evolución social de la clase miserable a la clase obrera. Esto, con el devenir de los años y las guerras europeas provocó la aparición de distintas clases sociales dentro de las obreras (Las archimentadas alta, media y baja) y la continuidad de las personas en los sistemas educativos centrados en la rentabilidad y productividad laboral de los individuos.

Pero ese devenir de los años tiene la maldita habilidad de transformar la memoria histórica y la conciencia social de los individuos y sociedades… Pues bien, cuando se fue perdiendo al final de último siglo el recuerdo de la miseria y calamidad de nuestros bisabuelos y del progreso y la fortuna que suponía para nosotros el estado de bienestar del que se disponía, al normalizarse esa realidad, de repente, sobrevino la gran pregunta: ¿Ahora qué? ¿Cual es mi propósito? ¿Cual es mi meta? ¿Con qué me realizo yo?

En ese preciso momento, el éxito laboral y económico dejó de tener sentido, a un nivel generalizado de las sociedades.

¿Explicación? en mi opinión ésta la tenemos ya dada hace años por un psicólogo estadounidense, Abraham Maslow y su conocida contribución en forma de pirámide:

ImagenSegún la cual, el ser humano que va consiguiendo solventar las necesidades de un nivel (empezando siempre por lo fisiológico, claro), automáticamente empieza a preocuparse por atender las necesidades del siguiente superior.

Y es aquí, teniendo presente esto, donde oigo rechinar el sistema y se me ocurren respuestas:

  1. El paradigma educativo actual, todavía eminentemente enfocado a lo laboral y productivo, con suerte ayuda a cubrir los tres primeros niveles de la pirámide (Y solo para algunos afortunados el cuarto…)
  2. En el cuarto y quinto nivel, que es donde la mayoría de personas se estancan y por ende, se frustran y ven truncarse su evolución personal, se refiere a lo humano, a lo filosófico, a lo existencial de la persona (lo que algunos llamarían “Lo bohemio”)
  3. Precisamente esos son los puntos débiles de nuestros sistemas educativos, eminentemente productivistas y troqueladores de una tipología de ciudadanos concreta: producid bien y consumid mejor. Lo cual puede producir cierta satisfacción (un coche nuevo, una tele nueva, unas tetas nuevas…) pero ni realización, ni regocijo existencial, ni autoconocimiento, ni nada que no sea un objetivo vacío de significado ni valor real.

¿Cómo extrañarse entonces de la aparición relativamente reciente de toda esta “nueva” panoplia de gurús, psicoanalistas, coachers y demás? (Antes de que se ofendan, que conste que reconozco, respeto y defiendo desde hace mucho tiempo la relevancia de sus profesiones, por necesaria y trascendente).

Es evidente. Todos estos profesionales cubren una necesidad básica y una laguna no, un océano de incultura metacognitiva a nivel personal, un abandono progresivo de las humanidades que llega a lo brutal y lo que yo voy a llamar la excelencia en el déficit de las políticas educativas, que además de generar ciudadanos productivos, deberían preocuparse de que seamos felices porque sepamos pensar, porque se nos haya enseñado a conocernos, a escucharnos (y así de paso escuchar mejor a los otros…), porque se nos ha dado una formación artística (no solo plástica, ¡por Dios!) que sirva para encontrar métodos o vías de expresarse (a uno mismo o a los demás…)

Imagínese: ¿Qué le sucedería a una persona atascada en su plan vital a los treinta y pico, que tras años de pasarlo mal acude a solucionar sus problemas a un profesional, hubiera recibido la formación y orientación de la que va a ser objeto en algún momento o forma en su infancia y/o juventud?

Posiblemente que estaríamos hablando de una persona distinta con una trayectoria vital distinta y sí, posiblemente más feliz y debido a eso, también más exitosa y por añadidura productiva…

Pero ya saben, la política no suele invertir en capital humano y menos a tan largo plazo, aunque luego no dejamos de preguntarnos qué narices harán los rubios esos del norte pá salir siempre los primeritos en el informe pizza ese…

En fin, si me habéis aguantado hasta aquí, agradecería comentarios mil.

Un saludo!!

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Acerca de Miguel Ángel García Guerrero

Pedagogo, Maestro EF, Entrenador Nacional de Atletismo, desarrollando programas educativos basados en la Neurociencia.
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